De
repente miró la hora …había quedado con su amigo, pareja y ex.
Se
trataba de la misma persona, pero tras casi 8 años de estar juntos de manera
formal, y decidieran abandonar sus respectivos nidos
desestructurados, para sedentarse en una casita de campo cedida por un familiar
de Marc, las cosas habían ido de mal en peor. Pero los problemas provenían de
más lejos, consideraba Fabiana.
Cada
día quedaban. Aunque era igual de emocional e impulsivo que ella, Marc sabía, tenía
más que claro que la deseaba. Deseaba su aroma, su tacto electrizante, era de
dimensiones pequeñas, pero de proporciones perfectas: su piel canela cubría un
cuerpo donde predominaban curvas
respingonas y graciosas, que ella sabía mover a su antojo e interés. En su rostro
reposaban inquietos y curiosos, dos grandes ojos de color almendra poblados de
largas pestañas negras. ¿Y que cabía decir de sus labios rojos y carnosos?, si
estos representaban su fertilidad y sexualidad, estaban en la cúspide de la del morbo y sensualidad, consideraba Marc.
Fabiana decidió ir corriendo hasta la casa de
una tía muerta de Marc, que era dónde siempre se encontraban y dónde deshonrraban encarnecidamente la casa de la difunta.
Eran mediados de mayo, pero las noches en la Isla, aún eran frías.
A poco más de las 22 de la noche, se podía ver a Fabiana ir vestida con un pantalón de chándal negro y sudadera polar del mismo color.
Aceleró los pasos, se sentía cómoda en la tranquilidad nocturna, aunque
evitaba mirar a los coches, ya que bajo las luces naranjas de las farolas la
podían reconocer, cosa que quería evitar.


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