jueves, 30 de mayo de 2013

Síndrome de la falta de amor

Sindrome de la carencia afectiva

 

La carencia afectiva familiar durante los primeros años de vida es el principal factor que desencadena este síndrome. La carencia afectiva señala la situación en que se encuentra un niño que ha sufrido o sufre la privación de la relación, principalmente con su madre, y que padece el déficit de atención afectiva necesaria en la edad temprana.

La carencia afectiva o las alteraciones por carencia relacional se refieren a aquellas situaciones en que la maduración de la personalidad del niño se interfiere por la falta grave de estimulación afectiva. En el ser humano no existe la posibilidad de una maduración correcta sin el calor afectivo del amor. Aunque, en cualquier circunstancia, cualquier persona puede sentir no haber amado lo suficiente o no haber sido amado de forma adecuada, la ausencia grave de estimulación afectiva durante la infancia por parte de los adultos, que juegan un rol relacional afectivo importante, provoca la aparición de trastornos, no tan solo de la maduración, sino también síntomas clínicos que se expresan en trastornos somáticos, afectivos y conductuales.

La falta de afecto maternal se caracteriza por producir en el niño un estado psicológico de avidez afectiva y miedo de perdida o de ser abandonado, tanto si ha padecido en la realidad una privación afectiva de la madre o como si lo ha sentido como tal. Es tal la necesidad de recibir una señal de afecto que permanece en un cierto estado de búsqueda afectiva, de necesidad de saturación, que se manifiesta por una actitud de reasegurarse de la existencia permanente del afecto del otro y así sentirse seguro.

La carencia afectiva es un mal que afecta a todas las edades, culturas y clases sociales. La evolución de las personas que manifiestan este síndrome depende en gran medida de la situación social en la que se desarrollen, pudiendo establecer unos patrones que definan el comportamiento de estas personas desde su infancia a la edad adulta.

- En la primera infancia: son niños que lloran para llamar la atención, sonríen poco y son más propensos a contraer enfermedades infecciosas. En esta etapa suelen aparecer problemas digestivos (estreñimientos, disfagias motoras y hernias de hiato son los más frecuentes), aunque pueden llegar a remitir con el crecimiento.

- En la edad preescolar y escolar: el niño presenta trastornos del lenguaje, y otros retardos importantes: problemas de elocución, pobreza de vocabulario, dificultades gramaticales y sintácticas (verbalización). En el plano lógico-matemático suelen presentar buen comportamiento.

- En la edad escolar: muchos niños presentan trastornos de aprendizaje: el CI se sitúa, a menudo, en un nivel de inteligencia limite o de debilidad ligera (CI entre 65 y 95), pero no porque el niño no sea inteligente, sino porque no consigue centrarse al hacer las pruebas (mentalización). Estos niños tienen frecuentes fracasos escolares y su grado de autoestima comienza a caer. Sentimientos de desvalorización o baja autoestima: el niño carencial niega su valía, se considera como un fracasado, se destruye psíquicamente, se desprecia a si mismo; se complace en el masoquismo de considerarse desgraciado, es una forma de culpabilizar a la madre o padre de su falta de afecto. Su autoestima es baja: el niño duda de si mismo en cuanto a despertar afecto o simpatía (nadie me quiere; no soy amable, lo que me ocurra no le preocupa a nadie), por lo que tiene una importante inseguridad: sentimiento obsesivo de exclusión, de no estar en ningún lugar , de molestar o estar de mas.

- Entre la edad escolar y la preadolescencia: el sujeto presenta trastornos del comportamiento, actitudes de inhibición, de retraimiento, actitudes de oposición y de rebeldía, aunque relativamente sociables y en ocasiones extrovertidos, sienten miedo a sentirse rechazados en un grupo, por lo que tienden a integrarse a toda costa. De aquí la importancia de las relaciones sociales en esta etapa ya que determinará su conducta futura.

- En la adolescencia: los comportamientos extraños y los actos impulsivos son muy
frecuentes (hiperactividad); en cambio los trastornos psicóticos o los comportamientos neuróticos son raros. Son personas fácilmente ilusionables por adolescentes mayores que él o por adultos. Huyen de responsabilidades y son rebeldes con las normas.  En esta fase suelen aparecer las primeras adicciones (hipersexualidad, drogadicción, alcoholismo,…) El paso al acto es la única expresión posible de oposición a la verbalización y a la mentalización de la infancia; estos síntomas del estado limite se pueden observar en un deseo por buscar afectividad continuamente en alguien o algo que les aumente la autoestima.

- En la juventud: la pérdida de la capacidad de amar y una importante disminución del amor propio les lleva a estas personas a llenar su vida con acciones hiperactivas o que causan dependencia. Salir de la rutina con desenfreno seria su lema para esta fase. El único momento en que la persona afectada puede sentirse segura y querida se encuentra en su vida sexual. Es un instante tranquilizador, en el que el hombre o la mujer se deja llevar. El riesgo: una vida sexual desproporcionada, incluso incontrolable. En general carecen de sensibilidad y huyen de las expresiones afectivas hacia los demás. Utilizan a las personas como instrumentos para sentirse seguros.

- En la edad adulta: el duelo por la pérdida de la juventud y el prepararse para la madurez, el estrés y la fatiga, la dificultad adaptativa, la inestabilidad en las relaciones personales, los conflictos conyugales y la pobreza de la competencia parental (sentirse malos padres) son los aspectos mas significativos. Aparece la infidelidad emocional, no porque estén insatisfechos con su relación, sino sólo por sentirse todo el tiempo queridos y deseados. El porcentaje de divorcios alcanza el 80%, intentando buscar en todo momento la pareja que le asegure esa estabilidad emocional y que no consiguen encontrar.



Estoy pensando en nada, pero, nada, en cantidad: Noches en China

Estoy pensando en nada, pero, nada, en cantidad: Noches en China: Como los miles y miles de españoles, Fabiana buscaba un trabajo. Su búsqueda no era constante, ya que su necesidad de encontrar empleo...

Estoy pensando en nada, pero, nada, en cantidad: Su nombre

Estoy pensando en nada, pero, nada, en cantidad: Su nombre: Fabiana, era lo que quedaba de ella, su nombre. por suerte sus padres adoptivos habían decidido conservarlo al adoptarla.   Eso era lo ...

Noches en China



Como los miles y miles de españoles, Fabiana buscaba un trabajo. Su búsqueda no era constante, ya que su necesidad de encontrar empleo y sentirse útil iba en función de su estado anímico.

Había días que  se sentía capaz de desempeñar cualquier oficio, con el nivel de complicación que fuera: se apuntaba a ofertas, que nada tenían que ver con sus estudios y conocimientos, incluso, se apuntaba en aquéllas dónde se pedía un nivel bilingüe de cualquier estrambótico idioma. También, en los días  que brillaba una luz cegadora, buscaba empleo en cualquier parte del mundo. Se veía a sí misma, sola, independiente y experimentando la vida como un parque temático.

Sin embargo, había días en los que chocaba de frente con la realidad, como cuando hacen estrellar a los coches, intencionadamente contra muros de hormigón, para valorar su seguridad. Era un choque corto y seco, lo que le hacía abrir los ojos, y sencillamente, era incapaz de visualizarse llevando a cabo cualquier rol laboral; por más que lo intentara, una voz dentro de ella le decía, “no te engañes, cuando no puedas disimular más tu incompetencia, te pillarán como a un mentiroso”.

Cuando tenía mucha ansiedad, no era como su madre, de levantarse a las 3 de la mañana para limpiar la casa, sino todo lo contrario, interiormente era una olla a presión, sentía que en cualquier momento estallaría, tenía incluso la sensación que si movía su cuerpo un sólo milímetro, se partiría en dos.
 
Dentro de ella se batía una guerra sin precedentes, donde las emociones luchaban entre ellas sin frenesí. Se trataba de una guerra sin ganadores y el resultado era un cuerpo joven, demacrándose por dentro y gris-amarillento por fuera, como si de un cuerpo lleno de heridas invisibles intentando sobrevivir de camino al hospital, se tratase; para ello tomaba las drogas legales que le recetaba su psiquiatra y así, evitar una posible infección de ineptitud.


Odiaba tener que tomar drogas, a no ser que se tratara de un tipo de droga, que como ella, crecía, cuanta más vitaminas y luz recibía.

Tenía que tomarse las pastillas a las horas estipuladas por su médico, pero era incapaz de tomárselas correctamente: - menos mal no se trataban de pastillas anticonceptivas, porque ya estaría embarazada del 3ero- pensaba ella.

No lo hacía premeditadamente, simplemente dentro de su ser, había descontrol, caos, guerra y hambruna. No tenía un horario fijo de rutinas, es más, el reloj de su cuerpo tenia puesta la hora de China o algo así, cuando en Mallorca era de día, en su reloj marcaban las 3 de la mañana y cuando era de noche, su reloj marcaba las 9 de la mañana.

Las noches en China eran muy ajetreadas. Sus neuronas se disponían ir al trabajo todas a la vez, como en la hora más punta de la avenida más céntrica de dicho país asiático. Disfrutaba de todo lo que leía, lo que veía, lo que pensaba y escribía. Se imaginaba fácilmente, donde ella quería, como un puzle en que cualquier pieza encaja con cualquier otra, sin perder el sentido.
 
Una gran lucidez habitaba su mente, lo que le permitía comprender ideas y pensamientos que de día se  convertían en restos de una noche de juerga.
 
 
 

 



 



 

 

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

never never gonna give you up - Barry White - subtitulado español


Cuerpo mullido


 
Intentó que el abrazo perdurase hasta la eternidad, pero se vio obligada a respetar el protocolo social y no pudo. Hubiese resultado extraño.

El tiempo que consiguió mantener su abrazo, no pasó del segundo. Un segundo en el que agudizó sus 5 sentidos a la vez,  para tomar todo de ella y así hacer perdurar su recuerdo lo más nítidamente posible.

Fabiana se sentía desolada, notó como la docente la apartaba suavemente para poder seguir despidiéndose de los demás; ella hubiese permanecido protegida entre sus brazos y su mullido cuerpo cálido, hasta morir. La quería, verdaderamente la quería.
Fabiana esbozó una leve sonrisa. Ni siquiera pudo abrir la boca para decir adiós para siempre. Tenía la impresión que si lo hacía, le vomitaría encima una montaña de emociones.

Y así fue, como una vez más, Fabiana había conocido a una mamá y la había vuelto a perder para siempre.

Se sentía deprimida, malhumorada, triste…, nada ni nadie podía llenar su vacío. Pero ya se le pasaría, pensaba ella, al final lo volvería a superar, después de tantos latigazos de frustración durante toda su vida, de las heridas había emanado un grueso callo protector.

La vida seguía y empujaba estrepitosamente a Fabiana. Ya había sido arrollada un par de veces, pero la vida no la dejaba en paz, siempre volvía a por ella para incordiarle con sus deberes. De manera que cada vez se había visto obligada a levantarse con la sensación de haber sido arrollada por un camión.