martes, 28 de mayo de 2013

Su nombre

Fabiana, era lo que quedaba de ella, su nombre. por suerte sus padres adoptivos habían decidido conservarlo al adoptarla.
 
Eso era lo que pensaba, mientras se ahogaba en sus sollozos. Deseaba llorar hasta el infinito para desahogarse, para sacarse, como si de un exorcismo se tratara, ese mal negro y pesado que le consumía por dentro.Deseaba salir, pero no de su habitación, sino de dentro de ella.
 
Ya había experimentado antes esa sensación, con la ayuda de las drogas, claro. Tras un accidente que tuvo en coche, y permanecer  unos días en la UCI, tuvo la brillante idea de darle un par de caladas al porro de su amigo, con lo que se desmayó y salió de ella.
 
De repente la felicidad existió. Fabiana, se resistía a volver a entrar en su cuerpo,  cual material era. Nunca más volvió a experimentar lo mismo, pero a raíz de ese día, construyó su nueva filosofía.
 
Así construía ella sus creencias y percepciones, a partir de intensas meditaciones y una posterior conclusión y decisión.
 
No creía en la cultura, es más, la consideraba una contaminante de los verdaderos deseos y pensamientos.Para ella la cultura ayudaba a aflorar un sentimiento de pertenencia, y no es que Fabiana no anhelase sentir ese sentimiento, hasta día de hoy desconocido, pero, renegaba a pertenecer a cualquiera, con sus religiones y políticas respectivas, que le dijera quién era, para qué había venido al mundo y cuál era su función y rol en la escala social a la que supuestamente pertenecía.
 
O tal vez, pensaba ella, esa ideología a la que tanto se aferraba, era una simple estrategia para obviar que era esa misma cultura la que le había impedido encajar en la sociedad de dónde vivía. Un pueblo de “mala muerte” dónde para ser alguien, mínimamente reconocido, o simplemente, no criticado, tienes que ir lamiéndole el culo a cualquier político imbécil sin estudios que había conseguido un cargo a base de enchufe.
 
De manera que tras esa experiencia, decidió creer que cuando mueres, vives algo parecido a lo que ella había experimentado, por lo que la muerte tampoco estaba tan mal pensaba, una vez aceptada su existencia. Así que no comprendía porque tanto miedo.Había consumido ya tanto cannabis que  no le afectaba, positivamente hablando, en nada. Por esa razón y viendo el panorama, sólo había una alternativa, salir.

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